sábado, 28 de febrero de 2009

Problema de investigación


Al mencionar el "arte amerindio" del maestro Vivero como objeto principal de este trabajo de investigación, abarco con esto una cantidad muy grande de pinturas que hacen parte de la obra "América: Magia, Mito y Leyenda", pues es una obra que está conformada por un trabajo de bastantes años y que cuenta con una cantidad muy grande de pinturas de varias culturas de toda América. Además, teniendo en cuenta la cantidad de información que se presenta en cada una de las pinturas por separado, como métodos artísticos, pensamiento cultural, contexto histórico, mitos, leyendas propias de cada cultura, etc., motivos por los cuales hacer un análisis de toda la obra sería un trabajo de muchos años, es necesario entonces delimitar el tema de investigación y quedarme sólo con una de las pinturas.

He decidido entonces tomar la pintura que lleva como título: "Tríptico del encuentro", en donde a primera vista se plasma el encuentro de la cultura española, con todas sus nuevas y extrañas costumbres, con una de las culturas ancestrales de América. Eso es lo que se muestra en primer lugar en la pintura, pero viendo más a fondo la propuesta del maestro Vivero se pueden encontrar una cantidad de datos sobre este encuentro, pero estos no son los mismos datos históricos aportados por los españoles sino que son un bosquejo de aquello que vivieron los nativos de estas tierras y de cómo sus voces fueron calladas, "LA HISTORIA NO CONTADA"

Por lo cual, el problema de investigación que me propongo es encontrar ¿cómo vivieron los nativos americanos el encuentro con los invasores a partir de lo expresado en la obra del maestro Vivero?, de lo cual se desprenden una cantidad de interrogantes y de puntos de observación.


miércoles, 25 de febrero de 2009





Grito de fuego del jaguar,
de rabia y miedo,
grito de herida mortal
que como el trueno gris
rasguña el cielo
y llena de silencio el viento;
destello de lanza voráz,
lúdica y vengativa,
veloz, violenta
penetra el cuerpo;
relámpago de obsidiana
cerró el lamento
arrojando bocanada
sanguinolenta.

El aguerrido e iracundo
señor de los Pijaos,
el indomable Calarcá atravesado
con fraternal abrazo
en la sangrante lanza.

Vengado Baltasar, llora en silencio
por su hijo, su hermano, su pueblo.
En Chaparral, tierra de Dulumay,
el fuego del jaguar.
Ceniza, llanto, viento.

(Tomado de Al. Vivero: América, Magia, Mito y Leyenda)

domingo, 22 de febrero de 2009

¿Qué es el Tawantinsuyu?


¿Qué es el Tawantinsuyu?

Antes de la llegada del invasor europeo por toda América se extendía una amplia red de pueblos comunales con dos grandes concentraciones. Una en las selvas húmedas de Guatemala y llanuras centrales de México donde se desarrolló la nación Maya-Quiché, y la otra asentada en las laderas andinas y alrededores del lago Titikaka conformando la gran nación Quechua-Aymara.

Los pueblos comunales en el sur se encontraban organizados en una gran confederación llamada TAWANTINSUYU, el Ayllu de ayllus.

En el idioma quechua, “Tawa” es cuatro, “Inti” es sol, y “suyu” es región. Es decir “Las cuatro regiones del sol”. Cada familia constituía un “ayllu”, una pequeña sociedad comunitaria de base donde se ejercía la recíproca cooperación mutua. La unión de los ayllus formaban las “Markas” y la unión de las Markas conformaban los “Suyus”. El Tawantinsuyu marcaba la unión de cuatro grandes regiones:

El CHINCHAYSUYU, la región norte que se extendía desde el sur de Colombia, Ecuador y norte de Perú, tenía como símbolo el color amarillo.

El QONTISUYU, la región del Oeste en dirección hacia el mar (qontiy en quechua es evaporar) tenía como símbolo el color rojo.

El ANTISUYU era la región del Este (Anti en quechua es oriente) extendiéndose hacia la región andina, su símbolo era el color verde.

El KOLLASUYU comprendía la región Sur, desde el lago Titikaka hasta el Uspallata en Mendoza, Argentina. El Kollasuyu tiene como símbolo el color blanco.

Es por esta organización pre-existente que hemos recibido la denominación de pueblo “qolla”, ó “kolla”, ó “coya” como miembros del suyu de los kollas. En vano tratan de dividirnos en omaguacas, atacamas, ocloyas, guaraníes, etc. porque siempre fuimos una sola nación.

La visión del blanco no puede entender todavía que somos parte del ayllu de ayllus que no nace hace unos cuantos siglos atrás como reza en los libros de los “científicos actuales” sino que se remota a una raíz milenaria de más de 10.000 años cuando conformábamos la gran NACIÓN QULLANA.

Nación Qullana, es la denominación de un antiguo territorio que conformaban grandes naciones como la aymara y de civilizaciones que construyeron obras esplendorosas por la sabiduría y conocimiento científico desarrollado -hasta ahora inexplicados- como Tiwanaku, Sacsaywaman en Bolivia y el Macchu Pichu en Perú.

Qullana etimológicamente significa: excelente, sobresaliente. También es hermoso, de gran belleza, sano, robusto, divino, perfecto, justo y sabio. Constituíamos un mundo de abundancia, respeto y unidad, el único capaz de hacer nacer las leyes que combatirían a la miseria del mundo del invasor: “Ama Sua” no seas mentiroso, “Ama Llulla” no robes, “Ama Qhella” no seas flojo, “Ama Llunk'u” no seas alcahuete, adulón.

No conformábamos ningún imperio porque no teníamos la concepción de dominación que trajo el blanco como tampoco teníamos dioses. Esta deformación de nuestra historia es el más claro ejemplo de negación a nuestra cultura porque no se le quiere reconocer su grandeza que la pondría por encima de todas las otras civilizaciones del mundo…

Instituto de Qeshwa Jujuymanta – San Salvador de Jujuy



Algunas características de nuestra espiritualidad originaria


Algunas características de nuestra espiritualidad originaria


Según las fuentes de las ancianas sabias y de los ancianos sabios, nunca hubo en el Abya Yala ancestral la “libertad”. Nadie nos decíamos libres como en la sociedad occidental, sino todos vivíamos en complementación, lo que era mucho más que libertad.

Cuando el ser humano, sea de cualquier capa, clase, status social, dice que es libre, se separa de lo natural y cósmico, a la vez que se deshumaniza totalmente. Así, ya no es más humano, sino que ha llegado a ser una “cosa” humana, una “mercancía” humana, una “máquina” humana, un "objeto" humano, un esclavo el día de hoy.

Hace apenas 500 años, los pueblos comunitarios nos extendíamos desde los hielos de Alaska hasta los de la Tierra del Fuego (Abya Yala). Esta confederación de naciones, iguales por dentro y parecidas por fuera, resultó de una memoria de tradiciones, de una sabiduría cristalizada pacientemente a lo largo de muchos siglos de aprendizaje.

Durante este tiempo, todo lo que existe en la Tierra, en su interior, en su rostro o superficie, en su encima o atmósfera, la Tierra como parte del Cosmos, el Cosmos como parte de este Todo, que nuestros ancestros llamaron toda la Realidad, LA PACHA, todo esto se movía y se cambiaba en lo que llamamos el orden de La Unidad.

Vivíamos en unidad con la Naturaleza y el Cosmos. Todo lo que existe, reconocíamos y respetábamos como Es, unido cada cual a Todo. Los seres humanos no nos sentíamos, no nos pensábamos, no nos intuíamos, no nos imaginábamos, no nos soñábamos fuera de la realidad, sino que por el contrario nos apreciábamos parte de la realidad misma, de la pacha.

En el Tawantinsuyu nadie se sintió rey de la creación ni amo de plantas, animales, tierras, ni humanos. Como todos eran semejantes-diferentes, ninguno de los seres de la Pacha, ni el ser humano originario, podía considerarse como el centro de la realidad, ni mucho menos se extrañó a la realidad misma, sino que se consideró parte de una realidad viva. Fuera de las leyes cósmicas no podemos vivir. Obedecemos todos a las mismas leyes naturales que regulan la fecundidad, nacimiento y muerte.

Así, nuestras comunidades sienten en sí la suma infinita de contracciones y dilataciones de todos los astros, de aspiraciones y expiraciones de todas las plantas y animales, de sístoles y diástoles de todos los corazones, del dar y tomar de todas las cosas. Estos dos momentos con su oscilación mantienen la vida que conocemos. Ellos también existen como luz y sombra, calor y frío, verano e invierno, día y noche. Por eso, no es nuestra la oposición bien-mal, dios-satán, amor-odio. Nuestro padre, el Sol, no tiene su opuesto enemigo en la Luna, ni en la tierra, sino sus complementos. Sentimos la diferencia bien-menos bien, me gusta más-me gusta menos, ambos necesarios para la vida en uno u otro momento.

Cualquier cosa en la realidad, en la pacha, es diferente y es semejante. Por lo diferente, una planta es una planta y por lo semejante es natural y cósmico. Si ponemos al lado de esta planta un sol, la planta es diferente al sol y el sol es diferente a la planta, pero al mismo tiempo la planta es semejante al sol por lo natural y lo cósmico, y el sol es semejante a la planta por lo natural y lo cósmico. Dentro la sociedad de la abundancia, vivíamos socialmente en equilibrio, identidad, complementación y consenso. Ninguno era superior a nadie.

Nadie nos sentimos rey de la creación, ni amo de plantas, animales, tierras ni humanos. Éramos las otras formas de vida con otra cara.

Sintiéndonos y sabiéndonos eslabón, insignificante y cósmico al mismo tiempo, podíamos hablar con ríos y montañas, saludarlos, pedirles permiso para atravesarlos. Percibíamos sus cambios y humor. Nos sentíamos siempre acompañados por las diferentes formas que adquiere la vida en cada momento. Los pescadores jóvenes saben aún preguntar a los viejos: ¿Cómo hay que saludar al mar para que no canse?

El hombre y la mujer nos sentimos en toda la pacha. Tenemos que vivir como expresión que somos de la pacha, como expresiones individuales que somos de la pacha. Nosotros no sólo somos imagen y semejanza de todo cualquier otro elemento de la realidad, somos a la vez, imagen y semejanza de todo. En el mundo originario de nuestros ancestros, cada individuo semejante-diferente veíamos, sentíamos, imaginábamos la Pacha en lo común o semejante, y en lo diferente.

Veíamos lo que era común o semejante, a la misma vez que veíamos como éramos diferentes a los otros individuos de la Pacha, que tenían sus propias identidades semejantes-diferentes. Así, con la experiencia aprendimos a diferenciar las piedras por su sexo, a escoger las piedras machos para calentarlas al rojo vivo sin que estallen y cocinar con ellas, y separar las piedras hembras que aceptaban ser talladas.

Los seres humanos no teníamos ningún privilegio o hegemonía humana. Reconocíamos que todo en la realidad es nuestro “hermano”, que es como nosotros, que todo tiene como nosotros: “vida”; que nada es sólo una “cosa”, “algo” que no merezca considerarse “hermano”, sea cual fuese su naturaleza.


(Extracto del libro “500 años de resistencia quechua aymara” de Ramiro Reynaga)


Análisis del discurso en arte amerindio.

El trabajo de investigación que presento a continuación, se desarrolla con el interés de rescatar, recordar, reafirmar, nuestras raices andinas a través de un análisis del discurso que se presenta en la obra de arte del maestro Alfredo Vivero: "Magia, Mito y Leyenda".

El interés de este trabajo nace en el momento en que puedo presenciar parte de la obra y observar que en ésta hay impregnada toda una cultura ancestral que hemos perdido poco a poco, pero que es nuestra cultura y nuestro pensamiento originario; además también puede haber un cierto punto crítico al rededor del tema de la "colonización" por parte de los españoles, que yo mejor podría llamar "invasión" a una cultura desarrollada.

Intentaré no sólo limitarme en mostrar la obra del maestro Vivero, sino además poder transmitir por este medio muchas otras concepciones de la cultura andina ancestral: música, ritos, pensamiento, etc.

Pues espero que les guste y que comenten qué les parece esta locura.

Néstor Gómez
Estudiante de Filosofía
USTA